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Crea tu propia experiencia de parto
Carmela Escriche

Te propongo que hagamos un experimento.  Cuando termines de leer mis indicaciones, cierra los ojos, observa cómo respiras e intenta establecer un ritmo cómodo en tu respiración. Inhala  y exhala sin llenar ni vaciar tus pulmones a tope  y  haz una pequeña pausa  de 1 segundo entre inhalación y exhalación. Alargar en exceso los tiempos de la respiración crea tensión, compruébalo si te apetece. Cuando te sientas cómod@ con tu respiración, piensa en la palabra PARTO y observa todas las imágenes, palabras, pensamientos, emociones y sentimientos que te llegan.   Te sugiero que  venzas tu curiosidad y desarrolles la paciencia porque es una preciada cualidad. Así que tómate el tiempo necesario para que puedas valorar qué efecto produce en tu cuerpo todo lo que asocias al parto. AHORA ES EL MOMENTO DE DEJAR DE LEER Y HACER EL EJERCICIO QUE TE HE PROPUESTO.

Continuemos. ¿cómo te has sentido?   Quizás tu cuerpo se ha excitado por un recuerdo feliz, o quizás tu respiración se ha alterado, has sentido un nudo en tu garganta o tu abdomen se ha encogido. O puede que hayas ido alternando un estado de alegría y deseo junto con otro  de miedo y desconfianza. Es normal.

Te hayas sentido cómo te hayas sentido, quiero decirte que  tu reacción es el resultado de la información que hay en tu cerebro en relación al parto. Y ésta puede estar condicionada por tu propia experiencia  y la de personas cercanas a ti. Pero también, por la influencia de los medios de comunicación (desde películas, libros, etc.). Y como no, por el exceso de celo, en algunos casos, de los especialistas y por los sistemas de actuación protocolaria que se han implantado en la asistencia al parto  y que han venido  alimentando involuntariamente la desconfianza e incapacidad  en la mujer y su pareja  para vivir ese momento con naturalidad y sin miedo.

Seguro que te suena  lo que te voy a contar. Pelis con historias de partos con un final dramático.  Partos de  amigas y vecinas dolorosísimos. Y muchas y muchas más historias. Seamos conscientes,   entre todos hemos venido sosteniendo la imagen de partos dolorosos  y dramáticos. Y  la acción de parir se ha heredado, en la mayoría de los casos, como una acción de riesgo,  como un mal necesario. Quiero que sepas que dentro de esta herencia, nuestro cerebro ha desarrollado lo que los científicos han venido a denominar como un reflejo neuronal negativo ante el parto. Es decir, en la mayoría de los casos, queramos o no, ante el parto, la primera reacción es de rechazo por miedo al sufrimiento corporal y, porque no, vamos a decirlo con claridad, por miedo a la muerte. Pero la muerte está en todas la esquinas, en cada segundo y nos puede alcanzar a  cualquiera de nosotros.   Y todos intuimos que si este temor a perder la vida rige nuestros actos, no estamos viviendo sino solo sobreviviendo. 

¿Cómo vencer esta herencia? Desde mi punto de vista, pasando de la desinformación a la información y de ésta a la experiencia, creando nuevas asociaciones neuronales positivas. Quiero que sepas que, afortunadamente, cada vez  hay más parejas con una experiencia de parto feliz.

Ahora detente un poquito y con honestidad piensa qué sabes realmente acerca de cómo se desarrolla un parto y cómo la naturaleza lo ha diseñado para que sea posible.
Quiero decirte que parir no es un castigo, que tampoco estás condenada a Parir con dolor.  Y lo digo en voz alta, con seguridad y confianza porque la vida es generosa y constantemente nos lo muestra de diferentes formas. En el parto su generosidad se ha manifestado de muchas maneras.  Con la movilidad de la pelvis que favorece el paso del bebé. Con las características del sistema óseo del bebé,  incluido su cráneo, pendiente de osificar que permite su  adaptación a tu pelvis. Con la existencia de pliegues en la vagina que  se despliegan con el paso del bebé. Con la acción lubricante del líquido amniótico y el vérnix caseoso que ayuda al bebé a deslizarse por el canal de nacimiento. Con nuestras  amigas las  endorfinas como  uno de los instrumentos para responder ante  el dolor. Y, cómo no, con el poder de la consciencia, capaz de cambiarlo todo con una actitud positiva y responsable, sostenida con una buena preparación que despierte la confianza en ti misma, en tu pareja y en la vida.

Ha llegado el momento del cambio que ha ido sembrándose poco a poco desde hace décadas,  gracias a la inquietud de muchas asociaciones  que han buscado humanizar el parto, a la aparición de la figura de las doulas que acompañan  a la pareja durante el proceso del embarazo y el parto, al desarrollo de una psicología prenatal preocupada por el bienestar futuro de los bebés, y a tantos y tantos profesionales que han venido aportando su saber hacer. Pero no nos olvidemos, todos estamos en el escenario, todos somos potencialmente actores del cambio y responsables de procurarles a nuestros descendientes un futuro mejor que comienza con la bienvenida que les brindemos el día de su nacimiento.

El parto es la celebración de la vida,  es la culminación de un acto de amor, es el comienzo de una nueva vida y se puede vivir desde la consciencia con alegría y responsabilidad. 

                                    “Celebrando la vida”, Carmela


Parir con placer Sushila devi

 "Horrible". "Insoportable". "Ni te lo puedes imaginar". "Menos mal que existe la santa epidural". Los relatos que hacen la mayoría de madres de sus partos suelen resumirse en estas frases escuetas y contundentes. A las embarazadas les desean "horas cortas" para el día señalado, y cuando algo ha sido muy largo y difícil de conseguir se recurre con facilidad al símil de que "ha sido como un parto". Pero ¿son todos los alumbramientos así? Hoy presento a dos mujeres brasileñas que disfrutaron de sus partos, siendo ambos naturales y asistidos en un hospital. Una lo califica de "cósmico". La otra asegura haber sentido placer sexual intenso durante la expulsión de su bebé. El parto con placer es uno de los secretos mejor guardados de las mujeres que han tenido la suerte de poderlo experimentar.

Cuando Kelly se enteró que estaba embarazada se encontró en la encrucijada de decidir de qué forma quería parir. Nunca antes se lo había planteado, pero si algo tenía claro era que no quería pasar por una cesárea, como sucede en Brasil en casi la mitad de los casos y en el 80% de los partos asistidos en centros de salud privados, según recogen algunos datos. "La mayoría de mis conocidas han tenido sus hijos por cesárea porque no quieren sufrir y porque económicamente es más rentable para los médicos practicar una cesárea que un parto normal. Yo no quería que me cortaran ni reducir el día que iba a dar a luz a mi hijo a una intervención quirúrgica, con un día y una hora marcadas. Parir es un proceso natural, femenino y salvaje, aunque la medicina tecnócrata lo quiera controlar".

Tampoco quería recurrir a la epidural: "no me gustaba la idea que me durmieran las piernas, que me movieran como un peso muerto, y tenía miedo que no se despertaran y no volver a caminar". Así que tras varias lecturas sobre el tema optó por parir de forma natural. Esta joven profesora de derecho, que por entonces tenía 26 años, quería sentir plenamente la experiencia de dar a luz, y aunque era primeriza, no tenía miedo al dolor. "Soy una persona fuerte y cuando otras mujeres me hablaban de como sufrieron pariendo me quedaba un poco escéptica".

Lo que sí temía era la reacción de sus allegados si descubrían su intención de parir sin anestesia ni otro tipo de tratamiento médico. "Decidí no contarle a la gente que quería un parto natural para protegerme. En Brasil las personas se extrañan si quieres parir por vía vaginal y no por cesárea. ¡Y es peor si dices que lo quieres natural! Te tratan de loca y te dicen que vas a matar a tu hijo y a ti misma. Por eso sólo lo conté a quién creía que me iba a comprender, para que no me influyeran negativamente".

Tras los 9 meses de embarazo, llegó el día de parir. De noche, y sin haber recibido preparación prenatal, pasó sola las primeras horas de trabajo de parto, siguiendo la voz de su institno para aguantar las contracciones."Al principio no me dí cuenta que iba de parto, porque había vomitado y como también tenía diarrea pensaba que los dolores que tenía eran de eso. Ahora pienso que para mí  fue bueno para sentirme libre de hacer lo que me apetecía para aguantar el dolor".

Al cabo de unas horas sangró, y ya alarmada, despertó a su esposo para marcharse al hospital. El dolor iba creciendo: "No el de las contracciones, que contrariamente eran medio placenteras. Sinó el de los huesos, que se movían para que el bebé pasara. Tenía la sensación que mi esqueleto se iba a desmontar".

A pesar que su doctora le dio libertad para moverse y colocarse como quisiera el dolor era tan intenso que estuvo a punto de desistir y acceder a que le dieran algo para amortiguarlo: "pensaba que no iba a aguantar", reconoce. Pero finalmente llegó la expulsión, con una rodilla en el suelo y la otra flexionada vio nacer a su bebé: "fue el momento más intenso de mi vida, estaba en trance, totalmente entregada a mis instintos animales. Tuve una sensación de profunda unidad con el universo, en el que no sabía donde terminaba mi cuerpo ni donde empezaba el mundo. Estaba en éxtasis, en otra dimensión".

Si esta joven de caderas estrechas sintió un gran placer espiritual el día que parió su primer hijo, que pesó 4 kilos y midió 55 centímetros, Aneline sintió satisfacción sexual con la expulsión de su segundo hijo, hace más de 40 años. "Sentí mucho placer, como cuando tienes relaciones sexuales. No llegué a un orgasmo, pero sentí placer intenso, un 7 sobre 10".

En su caso, también fue un parto natural asistido por un médico, siendo el tratamiento muy diferente al de su primer alumbramiento. "El parto que tuve con mi primer hijo no me gustó, porque no tuve conciencia de nada. Me pusieron una anestesia que me atontó y no vi como nació mi hijo. De ese día solo recuerdo mucho dolor".

Sin ambargo, a pesar de lo soprendentemente buena que fue su segunda experiencia, Aneline no se atrevió a contar a nadie lo sucedido. Sólo a su marido. "Pensaba que la gente se reiría de mí porque no sabía que lo que había sentido podía ser real. Creía que había sido una fantasía fruto de mi imaginación", reconoce. Tras 32 años de silencio reveló su secreto a una doctora que trabajaba en partos naturales y allí confirmó que sus sentidos no la habían engañado. "Me puse muy contenta", comenta.

Kelly, por su parte, tampoco suele dar a conocer la experiencia de su parto que califica como "cósmico". "No tengo paciencia para hablar de lo que viví con personas que no pueden comprender. Así que sólo lo explico a quien me pregunta y se interesa", argumenta.

La experiencia de su parto marcó un antes y un después en su vida. "Yo antes vivía en 'Matrix', y no tenía un estilo de vida saludable", asegura. Con la maternidad, se acercó al mundo espiritual a través del yoga, dejó de comer carne, optó por la medicina alternativa a la alópata y se formó como 'doula' para ayudar a otras mujeres a parir de forma natural. "La postura que se utiliza en los partos normales en el hospital está pensada para la comodidad de los médicos. La inventaron para que el rey Luis XIV pudiera ver a una de sus amantes parir, pero es pésima y no tiene en cuenta las necesidades de la mujer. En posición horizontal, el útero tiene que luchar contra la gravedad, se impide el movimiento de los huesos y no se permite la abertura de la pelvis", denuncia.

Después de 3 años de experiencia, Kelly está convencida que además del buen estado de salud del bebé y de la mujer, el bienestar psicológico y emocional también es crucial para tener un buen parto. "Influye la tranquilidad de la mujer, la relación que tiene con su pareja, la forma en que vive sus relaciones sexuales, si es desinhibida o no... porque el parto no deja de ser la culminación de la sexualidad de una mujer. Si la mujer entiende eso, puede llegar a sentir placer con el parto. Los sentimientos enemigos para ello son el miedo, la culpa y la pena".



No quiere dormir solo Laura Gutman

¡Por supuesto que los niños no quieren dormir solos! Ni quieren, ni deben. Los bebés que no están en contacto con el cuerpo de sus madres, experimentan un inhóspito universo vacío que los va alejando del anhelo de bienestar que traían consigo desde el período en que vivían dentro del vientre amoroso de sus madres . Los bebés recién nacidos no están preparados para un salto a la nada: a una cuna sin movimiento, sin olor, sin sonido, sin sensación de vida. Esta separación del cuerpo de la madre causa más sufrimientos de lo que podemos imaginar y establece un sin sentido en el vínculo madre-niño. No pasa nada si traemos a los niños a nuestra cama. Todos estaremos felices. Sólo basta con hacer la prueba para constatar que el niño se duerme entre sonrisas, que la noche es suave y que no hay nada que pueda ser contraproducente cuando hay bienestar. Lamentablemente las madres jóvenes desconfiamos de nuestra capacidad para comprender los pedidos de nuestros hijos que son inconfundiblemente claros. Circula socialmente la idea que satisfacer las necesidades de un bebé los convierte en “malcriados”, aunque paradójicamente, obtenemos una y otra vez el resultado opuesto al esperado, ya que en la medida que no dormimos cuerpo a cuerpo con los niños, ni los tocamos, ni los apretamos… ellos van a reclamar más y más. Pensemos que el “tiempo” para los niños pequeños aparece como un hecho doloroso y desgarrador si la madre no acude, a diferencia de las vivencias dentro del útero donde toda necesidad era satisfecha instantáneamente. Ahora la espera, duele. Si los niños deben esperar demasiado tiempo para encontrar confort en brazos de su madre, se aferrarán con vigor a los pechos, mordiendo, lastimando o llorando, apenas tengan acceso al cuerpo materno. El miedo será la principal compañía, porque sabrán que la ausencia de la madre volverá en cualquier momento a devorarlos. Los niños tienen razón en reclamar contacto físico ya que son totalmente dependientes de los cuidados maternos. Tienen conciencia de su estado de fragilidad y hacen lo que todo niño sano debe hacer: exigir cuidados suficientes para su supervivencia. La noche es larga y oscura, y ningún niño debería atravesarla estando solo. ¿Hasta cuándo? Hasta que el niño no lo necesite más.

Niños más fuertes con leche materna Laura Tardón. El Mundo http://www.elmundo.es/elmundosalud/2011/01/07/nutricion/1294388479.html

Las consecuencias de dejar llorar a los bebes
http://www.holistika.net/noticias/las_consecuencias_de_dejar_llorar_a_los_bebes.asp

Rito de paso: cada bebé una canción
http://circulosdemujeres.blogspot.com/2009/07/blog-post.html

El redescubrimiento de la menstruación y sus dones
http://www.elblogalternativo.com/2008/11/13/el-redescubrimiento-de-la-menstruacion-y-sus-dones/#ixzz1MWh11ktr

Claudio Naranjo: “El mal de la civilización es la mente patriarcal”
http://circulosdemujeres.blogspot.com/2010/06/claudio-naranjo-el-mal-de-la.html